Crónica de una travesía exigente de Ribeira a Santiago
Recorrer Galicia en bicicleta es adentrarse en un territorio donde el llano es una excepción y el relieve es el protagonista absoluto. Esta ruta de siete etapas, que nace en la costa atlántica de Ribeira y culmina en la emblemática Santiago de Compostela, es un viaje de contraste, esfuerzo y superación. A continuación, detallamos el comportamiento de cada etapa sobre el terreno.Etapa 1: La inmensidad de las Rías Baixas (Ribeira – Moaña)Esta etapa de gran fondo es, probablemente, la más espectacular a nivel visual. Con una distancia total de 100,48 km, se trata de una jornada de desgaste prolongado. El recorrido bordea la Ría de Arousa y se desplaza hacia el sur atravesando núcleos clave como Boiro, Cambados y Sanxenxo. A pesar de discurrir cerca del mar, el perfil está lejos de ser plano; es una sucesión continua de ondulaciones que suman 1.652 metros de desnivel positivo. Es una jornada de puro rodaje donde la resistencia aeróbica es fundamental para mantener el ritmo ante el "sube y baja" constante.
Etapa 2: El salto a la media montaña (Moaña – A Cañiza)Tras el litoral, la ruta vira hacia el interior para encontrarse con la dureza de la montaña. En 80,48 km, el ciclista experimenta una transformación radical en el entorno. La altitud deja de ser una cifra anecdótica para escalar desde el nivel del mar hasta los 804 metros. La etapa se estructura en dos bloques claramente diferenciados: una primera fase de 30 km que permite calentar motores sobre un terreno irregular, y un segundo bloque de 50 km donde el ascenso se vuelve progresivo, sostenido y exigente, obligando a gestionar con precisión el desarrollo de la bicicleta.
Etapa 3: El valle como punto de inflexión (A Cañiza – Ourense)Esta etapa actúa como el alivio necesario dentro del bloque de montaña. Con 46,01 km, es el tramo más corto y favorable del viaje. Desde la salida en A Cañiza, el terreno obliga a un descenso continuo y pronunciado de casi 900 metros de desnivel negativo durante los primeros 18 kilómetros. Una vez alcanzado el fondo del valle, la ruta se transforma en un terreno ligeramente quebrado hasta la entrada en Ourense. Es el momento de recuperar la musculatura y dejar que la inercia trabaje a nuestro favor tras el esfuerzo previo.
Etapa 4: El desafío de la ascensión reina (Ourense – Portomarín)La salida de Ourense engaña por su inicio tranquilo. Tras 15 km llanos, la etapa se convierte en un reto de escalada serio. Es una jornada de 74,9 km con 1.360 metros de desnivel acumulado. La parte central del recorrido, entre los kilómetros 15 y 60, es una ascensión larga y tendida que castiga las piernas de forma constante hasta alcanzar la cota máxima de 784 metros. La recompensa llega en los últimos 15 kilómetros, que ofrecen un descenso técnico y veloz para entrar en Portomarín con la satisfacción de haber superado el mayor puerto de la travesía.
Etapa 5: Explosividad y desnivel (Portomarín – Lugo)La brevedad de esta etapa (37,47 km) es un espejismo. Al concentrar 683 metros de desnivel positivo, se convierte en una de las jornadas con mayor ratio de dureza por kilómetro. El perfil se caracteriza por dos grandes picos de ascensión, lo que se traduce en un terreno donde no hay espacio para el descanso. Es un ejercicio de intensidad pura, diseñado para ciclistas que disfrutan de cambios de ritmo constantes y rampas que demandan explosividad. Es una etapa corta, pero que requiere una concentración absoluta en cada repecho.
Etapa 6: El relieve tipo "Sierra" (Lugo – Melide)Al salir de Lugo, el ciclista se adentra en un terreno que no da tregua. Con 53,11 km y 746 metros de desnivel positivo, la ruta mantiene la exigencia de la etapa anterior. El perfil es un "diente de sierra" continuo: picos y valles consecutivos que evitan que el ciclista encuentre un punto de comodidad. El esfuerzo muscular es acumulativo, ya que la ausencia de tramos llanos impide que las piernas se relajen. Es una etapa que exige una cadencia constante y una gestión inteligente de los cambios de marcha para afrontar la orografía gallega.
Etapa 7: La última frontera (Melide – Santiago de Compostela)La etapa final hacia Santiago tiene una carga emocional que se mezcla con una última prueba física. Son 52,24 km que resumen la esencia del ciclismo en Galicia: un terreno quebrado que no permite relajarse hasta cruzar la meta. Con 785 metros de desnivel, la ruta atraviesa zonas de pequeñas subidas y descensos que exigen mantener la disciplina y el ritmo hasta los últimos kilómetros. La aproximación a la capital es el premio al esfuerzo de toda la travesía, cerrando un viaje donde la constancia ha sido el motor principal.
Más allá de cada pedalada y de cada metro de desnivel acumulado, lo que realmente impulsa esta ruta es la convicción de que el movimiento es libertad. El próximo 22 de agosto no solo me enfrentaré a los caminos de Galicia, sino que rodaré con un propósito claro: dar visibilidad al Parkinson. Porque, al igual que en la montaña, ante los desafíos de la vida, lo que cuenta no es la velocidad, sino la constancia, la resiliencia y el apoyo que nos acompaña en el trayecto. Cada kilómetro de este viaje es un paso adelante en nuestra meta compartida. Nos vemos en la carretera.