Cris Budiño
01 Sep
01Sep

Pedaladas de Coraje nació como una necesidad vital de transformar el esfuerzo físico y la superación personal en un mensaje colectivo de resiliencia. Tras años de trabajo exigente lejos de casa y enfrentando nuevos retos, la bicicleta dejó de ser únicamente un medio de entrenamiento para convertirse en una herramienta de conexión con el territorio, la memoria y las propias raíces. La idea tomó forma definitiva tras su presentación oficial en el Concello de Moaña, marcando el punto de partida de un reto que unió deporte, emoción y compromiso.


De qué trató el proyecto y cuál fue su finalidad

El proyecto consistió en una exigente travesía en bicicleta que recorrió las cuatro provincias gallegas, sumando un importante desnivel acumulado a través de puertos, carreteras secundarias y caminos.La finalidad fue visibilizar la capacidad de superación ante la adversidad, tender puentes entre personas y proyectos solidarios, y plasmar la riqueza humana y paisajística de Galicia a través de un viaje documentado paso a paso, pedalada a pedalada.El recorrido: Las 7 etapas completadasEl trazado unió la costa con el corazón de Galicia y culminó en la meta histórica de la capital gallega:

  • Etapa 1: Ribeira – Moaña (con meta en el Palco da Música)
  • Etapa 2: Moaña – A Cañiza
  • Etapa 3: A Cañiza – Ourense
  • Etapa 4: Ourense – Taboada
  • Etapa 5: Taboada – Lugo
  • Etapa 6: Lugo – Melide
  • Etapa 7: Melide – Santiago de Compostela

Cómo se vivió: Lluvia, dureza y trabajo en equipo La aventura arrancó a finales de agosto, concretamente el 22 de agosto, y la meteorología no dio tregua desde el primer momento. El agua marcó el compás de las jornadas, sumando un extra de dureza mental y física a un recorrido ya de por sí muy exigente.Uno de los momentos más duros y épicos se vivió en la Etapa 2 (Moaña – A Cañiza), afrontando nada menos que 23 kilómetros de ascensión continua bajo una lluvia incesante que no paró en todo el camino.La logística y el apoyo humano fueron el verdadero motor para sacar el reto adelante:

  • El campamento base sobre ruedas: Una autocaravana sirvió de refugio logístico y descanso. Con capacidad para pernoctar tres personas cada noche, el equipo se organizó a la perfección para recuperar fuerzas tras cada paliza de agua y kilómetros.


  • El valor de la compañía: Un grupo inseparable formado por cinco amigos y mi cuñado fue la pieza clave. Se fueron turnando día a día, no solo para dar soporte en la ruta, sino también para subirse a la bicicleta y pedalear a mi lado en diferentes etapas, empujando juntos cuando las piernas y el tiempo más pesaban.

Cada tramo completado en Pedaladas de Coraje demostró que el sufrimiento compartido une más que cualquier victoria individual, y que con el respaldo de la gente que cree en ti, rendirse nunca fue una opción.

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