Cris Budiño
15 Oct
15Oct

De un Vacío a una Causa Compartida

Hay una cosa de la que casi nadie te habla cuando terminas una salvajada de estas: el bajón tan bestia que te pega justo después.


Llevaba cuatro días en casa tras terminar «Pedaladas de Coraje». Veía la bici en el pasillo, y en vez de estar contento o celebrándolo, estaba tirado en el sofá, completamente vacío. Sin ganas de nada, sin chispa, sin motivación. 

Cuando tienes Párkinson, pedalear es lo que te mantiene la cabeza en su sitio y el cuerpo despierto; así que de golpe verte quieto, sin una meta en el horizonte, es un peligro. Te empiezas a comer la cabeza y te entra una pereza tremenda.


En medio de ese momento de decir ¿y ahora qué hago?, me vino a la cabeza Nelson. Hacía tiempo me había soltado una idea: hacer algún reto juntos, algo sencillo pero potente entre España y Portugal. En ese momento se había quedado en el aire, pero agarré el móvil y le escribí: «Oye, ¿te acuerdas de aquello?». Fue mandarle el mensaje y encenderse la mecha al segundo. La cabeza me hizo un clic brutal.
Con ese subidón llamé a Alberto para contárselo. Vamos, no me dejó ni terminar de explicarle de qué iba la ruta: «Cuenta conmigo, me apunto ya». Así, sin pensarlo dos veces, con dos narices.


Y así, de una tarde tonta en casa intentando salir del pozo y buscar una excusa para volver a subirme a la bici, se lió todo esto. Lo que era quitarnos el gusanillo se ha convertido en el Desafío Taverneiro: tres tíos con Párkinson, dos países, 135 kilómetros de piedras y monte, y muchas ganas de demostrar que rendirse no entra en los planes.

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